Hoy me sentí especialmente hermosa cuando me levanté hace unas horas y vi mis ojeras en el espejo.
Son cicatrices de lágrimas nocturnas, cunetas hechas de piel y alma con espacio libre. Ojeras acumuladas durante cinco años de desvelos, fines de semana encerrada trabajando, noches de estrés y consecuencia de más lágrimas estresadas.
Si lloro mucho es porque no quepo en este cuerpo junto con tanto sentimiento y en lugar de salirme yo, se salen ellas. Lágrimas deliciosas que brotan danzantes y que provocan risa, me enojan y me tranquilizan.
¿Qué haría esta Astrid sin su eterno llanto?
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